Pedro Jesús Jiménez Martín

EL DEPORTE, ¿TRANSMISOR DE VALORES?

25 de junio de 2012

En plena Eurocopa de fútbol, y a poco más de un mes del comienzo de los Juegos Olímpicos, nos parece un buen momento para reflexionar sobre el deporte. La actividad física está cada vez más presente en la vida de todas las personas y se ha convertido en un hábito saludable de la población. Además, el deporte se asocia con cierta capacidad para transmitir valores sociales y personales como el “juego limpio” o el “espíritu olímpico”. Sin embargo, es también evidente que el deporte contiene un carácter dialéctico y competitivo, por lo que puede ser un instrumento tanto de integración como de conflicto. Así, la propia condición humana y la presión por ganar a toda costa lo convierten en un territorio de contradicciones. En particular, lo que nos muestra el deporte de élite (con lacras como el dopaje, la violencia o la sobre-explotación de los adolescentes) no siempre coincide con los valores educativos que se transmiten en el deporte de base, y refleja una sociedad orientada al éxito, al pódium, a la exclusión del otro.

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